domingo, 20 de marzo de 2016

SE DESPERTÓ TARDE


River volvió a dejar pasar la chance de acercarse a la cima y tan solo empató 1-1 ante Banfield. Santiago Silva y Lucas Alario, los goles.

Hace mucho que vengo a la cancha sabiendo cómo va a jugar el equipo. Ya no sorprende, no enamora, no genera atracción. Es como cuando la mina que tanto te gustó durante la secundaria y nunca te dio bola, reaparece cuando estás en otra.

El Millonario es el retrato de ese momento. Uno asiste al Monumental para ver al campeón de América que arrasó con todo lo que se interpuso en su carrera al título. Nada menos que eso. Pero la realidad es distinta, muy alejada de lo que queremos.

La corona permanece en la cabeza del Millonario pero amaga con caerse. Sí, tambalea de vez en cuando pero un soplo de energía le permite mantenerla en su lugar. Esa ayudita se traduce en el empate en La Paz y en la igualdad de esta noche.

Pequeños rasgos que alimentan la ilusión y permiten soñar. Otra vez se acababa el tiempo y Lucas Alario fue el destinado a meter la pata, o la cabeza mejor dicho. La nula presencia ofensiva obligaba a repensar los trabajos de definición en los que tanto énfasis hace el cuerpo técnico.

El Taladro, un rejunte de juveniles acompañado de la experiencia de Walter Erviti y Santiago Silva, se animó a enfrentar al dueño de casa por el simple hecho de verse con posibilidades de lastimar sin hacer demasiado.

Bastó un aislado envío al área para que el Tanque pusiera la ventaja inesperada. El rostro de los simpatizantes, lleno de incertidumbre y desazón por lo que estaban observando. Cuesta arriba como de (mala) costumbre.

Pasando en limpio, Camilo Mayada jamás sintió la posición de lateral derecho y sólo Marcelo Gallardo sabrá por qué lo ubica allí. El uruguayo careció de profundidad y abusó del clonazepam para calmar los inconvenientes al defender.

Del otro lado, Leonel Vangioni no reencuentra su verdadera versión. Ese flacucho desequilibrante que enganchaba una y mil veces hasta sacar el centro con el rival descaderado. Ya no tiene ese boom enloquecedor.

Y basta de exponer a Leonardo Ponzio en la cueva. La marea lo ahoga, lo deja sin oxigeno, no se halla, no es Leo. Deja de rugir y la melena no le flamea como en el círculo central. Y no hablemos de pararse como último hombre, función casi suicida para él.

Andrés D'alessandro refunfuñó en vano porque no se le acercó el socio que necesita. La Banda regaló una ocasión inmejorable de crear fútbol en sus pies y favoreció la evolución de Banfield.

El penal errado de Rodrigo Mora, los (mal) pases a mitad de camino, los relevos, la distribución, la idea de juego. Muchas asignaturas pendientes que están previas y se deben rendir lo antes posible para aprobar ante el enorme Tribunal de Justicia: el paladar negro.

La Copa Libertadores es la obsesión pero estos colores no te dan a elegir. Es todo o nada. Gloria o decepción. A punto de clasificar en el certamen internacional, el torneo doméstico sigue sin un líder indiscutible y no se pudo sacar gala de ese factor.

Poca actividad para los arqueros debido a la ineficacia de los atacantes. Escasez de recursos para inquietar y causar estragos. Una para Santiago Silva y una para Lucas Alario. Suficiente dijo el árbitro. Sabor más agrio que dulce que caerá pesado pensando en el futuro.

Lucas Ajuria

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